El Duende del Contenido

Escribir, hablar, crear, producir, todos sinónimos de transmitir y, en cada uno de ellos, el gran poder de persuadir, encantar, seducir y ¿por qué no aceptarlo?: transgredir, generar rechazo, confusión o bloqueo. Son estos los extremos lorquianos que mueven la polea de mi inspiración como Especialista de la Comunicación Publicitaria, siempre Social, preponderantemente Humana.

 

Darle forma a las palabras, para gestar mensajes que cumplan un fin, es el medio que me permite darle vida a mi pasión: apreciar la acción innata que genera cada palabra, sin motivo ni sentido solitaria, profunda y poderosa en grupo.

 

Las descubro, las conozco, las mezclo para darles sentido, las transmito y espero, con la emoción de un fanático, su efecto. Las percibo, siento y analizo en boca de otros; cuidándolas como una madre leona, de que no sean desperdiciadas, mucho menos, agredidas.

 

Puede sonar intensa, y hasta patológica, toda esta confesión amorosa, pero es más práctica, real y mundana de lo que piensan; si no, ¿por qué creen que es tan utilizado el dicho ¨Las palabras no se borran¨? Ellas no tienen retroceso en su caja de cambios, van siempre adelante de las personas y, son tanto, que forjan su integridad. ¿Recuerdan? Una persona íntegra es aquella cuyas acciones concuerdan con sus principios, lo que piensa y  dice¨; yendo un poquito más allá: su palabra.

 

Este idilio gramatical y conceptual nació del más puro amor, ese que, sin elegirlo, se convierte en el más importante de nuestras vidas: la familia. La primera vez que le escribí una tarjeta del Día de La Madre a mi mamá, de inspiración propia, la vi leerla con lágrimas en los ojos; sé lo que están pensando .-Las madres siempre lloran cuando leen palabras de sus hijos.

 

Antes de que sigan con los perjuicios, les contaré otra hermosa escena, que llenó de lágrimas mis ojos: la primera vez que vi a mi papá leer una tarjeta del Día del Padre, también de inspiración propia, también nublado por ojos aguados. Él, un gallego que bien podía ser mi abuelo, pero que tuve la bendición de que fuera mi papi, que desde que nació solo conoció de Guerra Civil, la española, hasta sus 34 años que inmigró a América. Cualquiera que haya conocido a un gallego sobreviviente de Franco, sabe que hacerlo llorar no es tarea fácil.

 

¿Ahora sí me creen? Pues yo también me lo creí, justo en ese episodio de mi vida. Descubrí, gracias a dos de mis grandes amores, que tenía un talento y una misión de vida: crear mensajes que generaran reacciones. El periodismo se fijó en mí como norte y, sin quererlo, por ese océano de conocimientos con un centímetro de profundidad que es la Comunicación Social, terminé forjando carrera y otra gran pasión de vida en Publicidad.

 

Hoy, después de 17 años de experiencia laboral .-no estoy golpeando mi cédula, solo que empecé a trabajar desde primer semestre de mi pregrado, manías de periodistas.- puedo decir que no me arrepiento de haber descubierto y redescubierto en cada lágrima, en cada emoción o reacción, esperada o inesperada, de quien recibe mis mensajes, mis creaciones, lo asombroso, a veces amistoso, otras estremecedor, de las palabras.

 

Son tanto que, siendo etéreas, son la realidad más fidedigna que tenemos; son tanto que sobrepasan los teclados, papeles y cuerdas vocales. Saltan por la música impregnándola de sentido, transitan por nuestra cabeza dandole forma a los pensamientos, dibujan los sentimientos. Son tanto que se disfrazan de imágenes fijas o en movimiento para llegar a darnos su mensaje en diseños, videos y en arte.

 

Pudiese seguir describiéndote lo que son, pero creo que, si te detienes a pensar, me darás la razón: están en todo, hasta en el mudo que las transforma en un majestuoso lenguaje de señas, en el ciego que las quiere tocar y lo logra, en el sordo que las lee con atención, en cada canción que te ha hecho vibrar, en la traducción que le das a la mirada de una mascota o de un niño, en aquel primer comercial de jingle pegajoso que recuerdas de tu infancia, en el pocast que colocas para inspirarte o en el blog que tanto te enseña.

 

Son los duendes que García Lorca dejó de legado para que te inspiraran, descontrolaran o calmaran, en fin, para que reaccionaras.

 

Gabriela Rivera Coballes

Key Account Leader, Action WSI.